El diagnóstico de la apnea del sueño se realiza en dos etapas

Para entrar en materia sobre el diagnóstico de la apnea del sueño es necesario conocer la definición de esta patología. La enfermedad es un trastorno del sueño que puede llegar a ser potencialmente grave. Afecta con mayor frecuencia a hombres, pero también puede incidir en mujeres y niños. La afección consiste en pausas respiratorias que duran de segundos a minutos y se pueden repetir hasta 30 veces durante la noche. En consecuencia, el afectado no logra conciliar un sueño reparador, presentando síntomas nocturnos como ronquidos y diurnos como sobre cansancio e irritabilidad.

Para ello, el diagnóstico de la apnea del sueño se realiza en dos etapas. Principalmente se basa en el análisis de la historia médica personal y familiar. También se debe hacer un monitoreo de la calidad y condiciones del descanso nocturno. Esto se puede realizar mediante el análisis y registro de un tercero que acompañe durante la noche al afectado. En casos más graves y como una segunda opción se puede remitir al paciente a un centro del trastorno del sueño.

La importancia de este proceso de observación para el diagnóstico de la apnea del sueño radica en las causas de la enfermedad. En adultos generalmente se vincula al sobrepeso y en niños se debe a amígdalas y adenoides inflamadas. Para ambos públicos afectados existe la posibilidad de un orden hereditario. En virtud de esto, el dictamen de la presencia se puede debatir al estudiar las razones por medio de los referidos parámetros.

 

Complementos del diagnóstico de la apnea del sueño

 

 


Para complementar el diagnóstico de la apnea del sueño, además del test de reconocimiento de riesgos médicos que predisponen, se debe aplicar una segunda fase: Examen físico más exhaustivo. Este es la piedra angular para detectar la enfermedad y consiste en descartar otras etiologías relacionadas con la anatomía cráneo–facial y el estado funcional de los sistemas respiratorios, cardiovascular y neurológico.

En virtud de esto, se observa la correcta morfología de la cabeza, cuello y otras partes blandas y se determina la permeabilidad de las fosas nasales y el estado bucofaríngeo. También se registra el peso, se calcular el índice de masa corporal y se evalúa la distribución del tejido adiposo. Para esto último se mide la circunferencia del cuello y el perímetro abdominal. Por otro lado, es esencial chequear la presión arterial, descartar arritmias y obstrucción bronquial.

Todas estas condicionantes se estudian por medio de una polisomnografía nocturna. Durante esta técnica te conectan a un equipo que controla la actividad de los órganos implicados. También registra los patrones de respiración, los movimientos de los brazos y las piernas, y los niveles de oxígeno en sangre mientras duermes.

Para complementar el cuadro clínico se pueden aplicar estudios respiratorios básicos. Por ejemplo, la espirometría, que mide la cantidad de aire que pueden retener los pulmones de una persona. También está la radiografía de tórax y el electrocardiograma, el primero usa rayos X para detectar enfermedades pulmonares y cardíacas. Mientras que el segundo es una representación gráfica de la actividad eléctrica del corazón.

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