La obtención de hidrógeno a gran escala se realiza mayoritariamente mediante el reformado de gas natural con vapor o a través de la electrólisis del agua. En este último proceso, la corriente eléctrica rompe los enlaces químicos de la molécula de agua (H₂O), separando el oxígeno del hidrógeno. Este método es el pilar de la transición hacia fuentes de energía más limpias, ya que el único residuo de su combustión o uso en celdas de carga es, nuevamente, vapor de agua.
Sin embargo, su ligereza es también su mayor desafío técnico. Al ser una molécula tan diminuta, el hidrógeno tiene la capacidad de filtrarse a través de porosidades en materiales que serían totalmente estancos para otros gases. Además, puede penetrar en la estructura granular de ciertos metales, provocando un fenómeno conocido como «fragilización por hidrógeno», que debilita la integridad mecánica de contenedores y tuberías si no se seleccionan las aleaciones correctas.