El transporte de alimentos a temperaturas reguladas es un eslabón crítico en la cadena de suministro que garantiza la inocuidad y calidad de los productos desde su origen hasta el consumidor final. Este proceso está sujeto a estrictas normativas técnico-sanitarias que clasifican los vehículos y equipos según su capacidad de aislamiento y potencia de refrigeración.
Clasificación de vehículos según aislamiento (Coeficiente K)
La capacidad de un vehículo para limitar el intercambio térmico con el exterior se mide mediante el coeficiente K. Según este parámetro, se distinguen dos categorías:
1- Isotermo Normal: Con un coeficiente K igual o inferior a 0,7 W/m²°C.
2- Isotermo Reforzado: Con un coeficiente K igual o inferior a 0,4 W/m²°C, diseñado para condiciones más exigentes.
Tipos de vehículos para el transporte refrigerado
La normativa también clasifica los automóviles según el método que utilizan para mantener el frío:
– Vehículo Refrigerante: Utiliza una fuente de frío no mecánica (hielo hídrico, hielo carbónico/hielo seco, placas eutécticas o gases licuados como el nitrógeno). Estos vehículos deben contar con depósitos externos para la recarga del agente refrigerante. Según su capacidad de enfriamiento con una temperatura exterior de +30°C, se dividen en:
> Clase A: Hasta +7°C.
> Clase B: Hasta -10°C.
> Clase C: Hasta -20°C.
> Clase D: Hasta 0°C.
– Vehículo Frigorífico: Equipado con un dispositivo de producción de frío mecánico (compresores) que permite bajar y mantener la temperatura de forma permanente y ajustable.

Importancia del control de la atmósfera
El éxito del transporte no solo depende de la temperatura, sino también de la gestión de los gases en el interior de la caja. El uso de Dióxido de Carbono (CO2) en forma de hielo seco o la refrigeración con nitrógeno líquido son soluciones altamente eficientes por su rapidez de acción y capacidad para desplazar el oxígeno, lo que retrasa la maduración de frutas y la proliferación bacteriana en carnes.
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